Ir al contenido principal

Entradas

GOMITAS CASERAS

Díganme quién no ha comido en su vida las famosas gomitas o gominolas, como se les llama en algunos países y son súper fáciles de hacer. Yo aprendí a hacerlas hace poco y ahora que tengo un chamo nuevo las hago por lo menos dos veces al mes. Lo importante es que si usted las hace en su casa puede decidir si le pone azúcar blanca, morena o simplemente papelón, porque en estos días de escasez de azúcar las hice con papelón (que había derretido y guardado en la nevera para endulzar de todo) y me salieron buenísimas. Por lo menos mis dos hijos no se quejaron. Anote lo básico:  Ingredientes * 7 cucharadas de gelatina sin sabor * 3 tazas de azúcar * 2 tazas de agua * 1 taza de gelatina con sabor * Azúcar para decorar Cómo se preparan, Pues bien, usted... 1. En una olla coloca la gelatina sin sabor, el azúcar y el agua. Lleve la olla al fuego y remueva constantemente con una cuchara de madera hasta que hierva un poco. Luego añada la gelatina con sabo...

Niño pelúo

Tengo días sin escribir en este blog porque las ocupaciones de ser nuevamente madre de un niño nuevecito de paquete y el trabajo me dejan sin espacio y cuando lo tengo sólo quiero leer, sentir que estoy conectada con lo que está pasando en el mundo, ver televisión y abrazar a mi bebé. Pero he sacado el tiempo porque este evento lo merece: Mi hijo mayor tiene 11 años y está en el proceso de la adolescencia. Ya le dio por retarme, preguntar mil veces sobre el porqué no puede hacer tal o cual cosa y tiene actitudes de chico “adulto”, está declarado, él se quiere sentir todo un adulto. Más allá de sus arrebatos sé que será un buen muchacho y que esto se le pasará. Sólo espero que no le dure mucho tiempo. De ese querer ser grande viene el suceso a contar, pero que deriva de una serie de acontecimientos anteriores. El día que Luis vio a su hermanito se asombró de que éste tenía el cabello negro muy abundante y vello en los brazos y piernas, algo que difiere absolutamente de él ...

¿Una madre ladrona...?

La señora Adela, quien vive en planta baja, le dio a mi hijo dos grandes puñados de ciruelas silvestres. De ésas que mancharon casi toda mi la ropa cuando era niña y que cuando maduran son amarillas y jugosas. Ésas que compiten con el sabor del Jobito (ésa insignificante frutica que nace de un árbol siempre inmenso, que madura e inunda de olor dulce el campo y que siempre hay que recogerlo del suelo porque nadie quiere montarse en un árbol cuyo fruto se encuentra disperso y que promete una caída con huesos rotos incluidos… ¡Ah!, el Jobito, lástima que todos los que he comido en mi vida han estado golpeados por el viento, comidos por pájaros o rotos a causa de los palitos que se le encastran en su delicada y fina piel cuando caen de ¡semejante arbolote! ¡Se me olvidaba!, iba por las ciruelas silvestres. La señora Adela le regaló unas ciruelas verdes a mi hijo, quien, como pudo, las trajo apretadas contra su pecho para poder subir los tres pisos del edificio y llegar a nuestro apartame...

Educando... mejor, respondiendo preguntas

- ¿Mamá, sabes una cosa? - ¿Qué debo saber Luis? - Tres de las niñas de mi salón ya tienen la menstruación. ¿Eso duele mami? Silencio… traga saliva y piensa rápido una respuesta no traumática y real. - ¿Hijo, tu has visto que a veces yo salgo corriendo porque me baja sangre y debo ir al baño urgente para no mancharme? - Sí… ¿Eso es la menstruación? - Sí, y cuando las niñas se comienzan a transformar en mujeres les baja sangre por la vagina. Eso indica que desde ese momento pueden quedar embarazadas. ¡ASÍ QUE TEN CUIDADO Y NI SE TE OCURRA INVENTAR A HACER COSAS SEXUALES CON ALGUNA NIÑA!!, porque ¡tú estás muy chiquito para eso! - ¿Ah, y ellas entonces pueden tener hijos? - Sí, no te recuerdas la noticia que estaban pasando el otro día por televisión. Ésa del niño que embarazó a su novia en Inglaterra. ¡Ve a ver muchacho! - Mami y si yo tengo un hijo… ¿tú aceptarías un sobrinito aquí? - Jajajajajajajaja… Qué sobrino y qué ochos cuartos Luis Eduardo, eso sería un nie...
Cuando Luis confundió los gases estomacales con la nostalgia. Estamos almorzando. Mi hijo pide permiso para levantarse y lleva su plato a la cocina. Mi esposo y yo seguimos sentados en el comedor conversando. Cuando Luis regresa se sienta y tocándose las costillas me dice: -Mamá, siento una nostalgia grandísima por aquí. Lo miro y miro a mi esposo y sin poder aguantar más suelto una estrepitosa carcajada. Luis me mira como asustado y me pregunta qué le pasa. Yo entre risas le pregunto cómo es eso que siente una nostalgia entre las costillas. Él muy serio se levanta y se acerca a mi silla, se levanta la camisa y me dice: -Sí mami, es una nostalgia que me puya aquí, justo donde tengo el dedo y casi no puedo respirar cuando me da. Imposible, no puedo dejar de reírme, así que para que no crea que me burlo de él lo abrazo y le doy besos entre risas y le digo: -No hijo, eso no es nostalgia eso es un "peo" atravesado jajajajajaja

Cosas del baño y de mi hijo

Hoy estaba lavando el baño. Es una tarea que disfruto mucho porque me encanta entrar, ver todo limpiecito y con olor a desinfectante y ambientador. Así que todas las semanas lavo mi baño con esmero y si en algún momento de la semana tengo un chance lavo el lavamanos, la poceta y ordeno todo nuevamente. De hecho, he enseñado a mi hijo a que procure, después de cepillarse, limpiar con agua el lavamanos para que no deje rastro de pasta dental. Ya saben, se seca y da un aspecto de desaseo horrible. Aunque hay otro aspecto del uso del baño que Luis no domina bien, no pierdo la fe de que pronto termine por aprender: subir la tapa que bordea la poceta y orinar adentro. Cuando lo veo entrar al baño o escucho, desde el cuarto, que está orinando (porque es especilalista en dejar la puerta abierta) le grito: ¡Apunta bien! ¡No hagas como la regadera! ¡Si voy al baño y llego a ver gotas por allí vas a tener que lavarlo completo! Sí, ya sé que ese chamo tardará años en darse cuenta de lo que yo ...

Cómo San Nicolás se despidió de mi hijo

San Nicolás y el Niño Jesús, según la versión que le ofrecí a Luis Eduardo a lo largo de estos ocho años, entregaban regalos a todos los niños del mundo y se turnaban, Santa iba a unas casas y el Niño Jesús a otras. - Mi (es una forma apocopada que muchas veces usa para decirme mami), cómo San Nicolás y el Niño Jesús saben qué es lo que yo quiero de regalo. - Porque ellos lo ven todo hijo, ellos están anotando todas las cosas que los niños que se portan bien le piden a sus padres, ellos son como Dios. - Mi, cómo va a entrar Santa si aquí no hay chimeneas. - Eso no importa; si hay chimeneas él baja por allí, sino atraviesa las puertas y las ventanas como lo hace Dios y sino le pide el favor al Niño Jesús. Tú sabes... ellos dos son amigos. - Mi, cómo ellos saben en dónde voy a dormir. - Porque ya te he dicho, ellos lo ven todo. - Mi, por qué me dejaron el regalo debajo de la cama. - Porque tu tío Roberto estaba borrachito y en el sueño hablaba muy duro y...