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Entradas

Cuando Luis confundió los gases estomacales con la nostalgia. Estamos almorzando. Mi hijo pide permiso para levantarse y lleva su plato a la cocina. Mi esposo y yo seguimos sentados en el comedor conversando. Cuando Luis regresa se sienta y tocándose las costillas me dice: -Mamá, siento una nostalgia grandísima por aquí. Lo miro y miro a mi esposo y sin poder aguantar más suelto una estrepitosa carcajada. Luis me mira como asustado y me pregunta qué le pasa. Yo entre risas le pregunto cómo es eso que siente una nostalgia entre las costillas. Él muy serio se levanta y se acerca a mi silla, se levanta la camisa y me dice: -Sí mami, es una nostalgia que me puya aquí, justo donde tengo el dedo y casi no puedo respirar cuando me da. Imposible, no puedo dejar de reírme, así que para que no crea que me burlo de él lo abrazo y le doy besos entre risas y le digo: -No hijo, eso no es nostalgia eso es un "peo" atravesado jajajajajaja

Cosas del baño y de mi hijo

Hoy estaba lavando el baño. Es una tarea que disfruto mucho porque me encanta entrar, ver todo limpiecito y con olor a desinfectante y ambientador. Así que todas las semanas lavo mi baño con esmero y si en algún momento de la semana tengo un chance lavo el lavamanos, la poceta y ordeno todo nuevamente. De hecho, he enseñado a mi hijo a que procure, después de cepillarse, limpiar con agua el lavamanos para que no deje rastro de pasta dental. Ya saben, se seca y da un aspecto de desaseo horrible. Aunque hay otro aspecto del uso del baño que Luis no domina bien, no pierdo la fe de que pronto termine por aprender: subir la tapa que bordea la poceta y orinar adentro. Cuando lo veo entrar al baño o escucho, desde el cuarto, que está orinando (porque es especilalista en dejar la puerta abierta) le grito: ¡Apunta bien! ¡No hagas como la regadera! ¡Si voy al baño y llego a ver gotas por allí vas a tener que lavarlo completo! Sí, ya sé que ese chamo tardará años en darse cuenta de lo que yo ...

Cómo San Nicolás se despidió de mi hijo

San Nicolás y el Niño Jesús, según la versión que le ofrecí a Luis Eduardo a lo largo de estos ocho años, entregaban regalos a todos los niños del mundo y se turnaban, Santa iba a unas casas y el Niño Jesús a otras. - Mi (es una forma apocopada que muchas veces usa para decirme mami), cómo San Nicolás y el Niño Jesús saben qué es lo que yo quiero de regalo. - Porque ellos lo ven todo hijo, ellos están anotando todas las cosas que los niños que se portan bien le piden a sus padres, ellos son como Dios. - Mi, cómo va a entrar Santa si aquí no hay chimeneas. - Eso no importa; si hay chimeneas él baja por allí, sino atraviesa las puertas y las ventanas como lo hace Dios y sino le pide el favor al Niño Jesús. Tú sabes... ellos dos son amigos. - Mi, cómo ellos saben en dónde voy a dormir. - Porque ya te he dicho, ellos lo ven todo. - Mi, por qué me dejaron el regalo debajo de la cama. - Porque tu tío Roberto estaba borrachito y en el sueño hablaba muy duro y...

¿AMIGOS?

Hace menos de un mes terminé mi último romance con el concepto amistad. Ya hace algunos años tuve despedidas, promesas de no volver a caer, pero yo insisto en que alguna vez voy a encontrar en mi ciudad, no un amor (que siempre Dios le reserva amores a uno para que hagamos gala de nuestro libre albeldrío), sino un(a), unos(as) amigos homólogos y sinónimos mío. De esos que serían capaz de estar conmigo aunque yo los saque a patadas de mi casa. De esos que van a estar en mis celebraciones cuando los invite y en mis desgracias sin haber abierto la boca para pedir ayuda. A lo largo de mi vida he abandonado amigos y amigas que en un momento fueron especiales y de los que aprendí muchas cosas. De ellos aún recuerdo chistes y lecciones de vida puntuales que marcaron mi personalidad y visión de mundo, pero mi propio crecimiento me llevó a mirarlos con objetividad y terminé desechando su cercanía hasta que pasaron a ser simplemente "viejas amistades". De las razones por las que h...

Educando a mi hijo en una sociedad cada día más extraña

Hace algún tiempo en una clase de ética mi muy querido profesor nos decía que consumir drogas no era ni bueno ni malo. En ese entonces, todos andábamos en una de creernos dioses y dueños de nuestra vida. Algunos estaban en grupos estudiantiles y se hacían llamar amigos de los del Centro de Estudiantes de nuestra universidad (esos que sin yo nunca entender el porqué siempre buscaban excusas para paralizar las clases, quemar cauchos y saquear camiones amparados en emblemas de reclamos estudiantiles). Bien, mis compañeros usaban sandalias hechas a mano, ropa hindú y algunas veces iban al salón sin peinarse. Su noción de libertad era amplia siempre y cuando sintieran que podían hacer lo que quisieran. Así que la afirmación de que la droga no era ni buena ni mala les caía de maravilla. Yo, sin embargo, miraba con asombro a mi profesor porque en todas las clases se había empeñado en derrumbar mis preceptos, pero esto era el colmo para mí. Obviamente, luego de la explicación ética sobr...

Educando a mi hijo en una sociedad cada día más extraña

Hace algún tiempo en una clase de ética mi muy querido profesor nos decía que consumir drogas no era ni bueno ni malo. En ese entonces, todos andábamos en una de creernos dioses y dueños de nuestra vida. Algunos estaban en grupos estudiantiles y se hacían llamar amigos de los del Centro de Estudiantes de nuestra universidad (esos que sin yo nunca entender el porqué siempre buscaban excusas para paralizar las clases, quemar cauchos y saquear camiones amparados en emblemas de reclamos estudiantiles). Bien, mis compañeros usaban sandalias hechas a mano, ropa hindú y algunas veces iban al salón sin peinarse. Su noción de libertad era amplia siempre y cuando sintieran que podían hacer lo que quisieran. Así que la afirmación de que la droga no era ni buena ni mala les caía de maravilla. Yo, sin embargo, miraba con asombro a mi profesor porque en todas las clases se había empeñado en derrumbar mis preceptos, pero esto era el colmo para mí. Obviamente, luego de la explicación ética sobre ...

Es HORRIBLE el embarazo, pero es lindo mi hijo - Parte III

Yo, mi mega panza y el terror de parir. Cada una o dos horas me venía a la mente el evento “parir”... entonces comencé a mentalizarme. Ya era demasiado molesto todo este fenómeno de la naturaleza para tener que enfrentar un parto. No era sólo cobardía también había algo de dignidad por la estética. La negación y mi energía confabularían con el cosmo para el no-parto. Todo salió a pedir de boca. Mi pelvis no debía ensanchar y no ensanchó. Una radiopelviometría indicó que no podría parir sin morir en el intento. Y mi sonrisa se dibujó ante esa noticia. Fijé el día que deseaba que naciera mi chamo. Aún el “amor materno” no asomaba. Escogí un miércoles 15. Pensé en las fiestas y los regalos. Por qué no decirlo. Me resisto a la idea de mentir sólo para que el mundo crea que lo escogí porque era un día especial astrológicamente o porque según el Feng Shui era el indicado para tener un hijo fuego, metal o madera. Sí, lo escogí porque yo nací un siete de enero y todo el mundo está ...